Infancia by J. M. Coetzee

Infancia by J. M. Coetzee

Author:J. M. Coetzee
Language: es
Format: mobi
Published: 2009-10-05T23:00:00+00:00


Pasa lo mismo en la cocina. Dos mujeres trabajan en la cocina: la mujer de Ros, Tryn, y Lientjie, su hija de otro matrimonio. Llegan a la hora del desayuno y se van después de la comida del mediodía, la principal del día, la comida que aquí llaman cena. Lientjie es tan tímida con los desconocidos que esconde la cara y le entra la risa floja cuando le hablan. Pero si él se queda junto a la puerta de la cocina puede enterarse de la corriente de conversaciones en voz baja que fluye entre su tía y las dos mujeres; le encanta fisgonear lo que dicen: el suave y agradable chismorreo de las mujeres, chismes que pasan de oído a oído, chismes que no solo atañen a la granja, sino a todo el pueblo de Fraserburg Road y a la reserva de la gente de color a las afueras del pueblo, y al resto de las granjas del distrito también: una ligera telaraña blanca de rumores que gira sobre el pasado y el presente, una telaraña a la que se hace girar en ese mismo momento en otras cocinas también, la cocina de los Van Rensburg, la cocina de los Albert, la cocina de los Nigrini, las cocinas de los numerosos Bote: quién se casa con quién, de qué va a operarse la suegra de no sé quién, qué hijo va bien en el colegio, qué hija tiene problemas, quién visitó a quién, qué llevaba puesto no sé qué en tal o cual ocasión.

Pero él se siente más cercano a Ros y a Freek. Le devora la curiosidad por saber las vidas que viven. ¿Llevan camisetas y calzoncillos como los blancos? ¿Tiene cada uno una cama? ¿Duermen desnudos o con las ropas de trabajo, o tienen pijamas? ¿Comen comidas decentes sentados a la mesa con cuchillo y tenedor?

No hay manera de encontrar las respuestas porque se le disuade para que no visite sus casas. Sería de mala educación, le dicen. Sería de mala educación porque Ros y Freek se sentirían avergonzados.

Si no es vergonzoso tener a la mujer y a la hija de Ros trabajando en la casa, quisiera preguntar, preparando comidas, lavando la ropa, haciendo las camas, ¿por qué sí lo es que les haga una visita a sus casas?

Parece un buen argumento, pero tiene un defecto, y él lo sabe. Porque la verdad es que sí es vergonzoso tener a Tryn y a Lientjie en la casa. No le gusta cuando se cruza con Lientjie en el pasillo y ella tiene que hacer como si fuera invisible y él tiene que hacer como si ella no estuviera allí. No le gusta ver a Tryn de rodillas en el lebrillo lavándole la ropa. No sabe cómo contestarle cuando ella se dirige a él hablándole de usted, llamándole die kleinbaas, el señorito, como si él no estuviera presente. Todo es profundamente vergonzoso.

Resulta más fácil con Ros y Freek. Pero incluso con ellos ha de hablar utilizando frases de construcción tortuosa para evitar tutearlos cuando ellos le llaman kleinbaas, señor.



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